Dolor abdominal recurrente, cambios inexplicables en el peso, sangrado digestivo, dificultad para tragar o modificaciones prolongadas en las evacuaciones son señales que deben comentarse con un profesional de la salud. La presencia de estos síntomas no confirma por sí sola una enfermedad, pero sí justifica una valoración.
El diagnóstico oportuno permite tomar decisiones informadas y establecer un plan de atención personalizado. La prevención también incluye una alimentación balanceada, actividad física, control del estrés y seguimiento médico cuando existen antecedentes familiares o factores de riesgo.


